Columna de Aldo Schiappacasse: El Mago y la estupidez

Revisa la opinión del comentarista de Al Aire Libre en Cooperativa.

Jorge Valdivia dijo que la tarjeta amarilla que le mostró Eduardo Gamboa en Iquique fue "una estupidez" y está a punto de desatar un conflicto de proporciones bíblicas. El cuerpo referil lo mandó al Tribunal de Penas -donde deberá presentarse la próxima semana- arriesgando una sanción que, al menos, lo dejaría fuera del partido frente a la Universidad Católica.

El "Mago" se ha ganado cinco tarjetas amarillas en seis partidos. Un par por reclamar, las otras tres por encararse con rivales (incluido David Pizarro) cuando considera que lo están golpeando en demasía. Reclama, como lo hacen todos los habilidosos, por mano dura de los jueces, pero termina por cansar y abrumar a los que imparten justicia con una verborrea constante durante el juego.

En su defensa salió Raúl Ormeño, quien clamó por protección a los más hábiles, olvidando otra vez su prontuario y que jugadores como él hicieron apología del golpe aleve a los más dotados. Hecho el punto, quiero decir algo extremadamente incorrecto: el Tribunal no debería sancionar a Valdivia porque, en ese mismo instante, desde el interior del club albo saldrán los mensajeros del apocalipsis para decir que el torneo está arreglado, que hay una persecución en su contra y que así no vale la pena luchar. Desacreditar la igualdad de la lucha ha sido una constante en el Cacique desde las ya célebres declaraciones de Julio Barroso. La culpa jamás es propia, sino de los otros.

El asunto, por lo demás, no es tan grave. Bastará una amonestación por escrito para el Mago, un reglazo en las manos, un tirón de orejas enérgico para llamarlo al orden, advertirle que ya basta de palabrería dentro del campo y cortar la obsesión de utilizar las cámaras para gimotear por el comportamiento arbitral (¿recuerdan lo de Selman?).

Valdivia y Colo Colo, que enfrentan problemas múltiples, reiterados y profundos por su actual dotación directiva y técnica, deben bajar dos cambios, poner paños fríos y asumir que los días agitados que hoy viven tienen relación con sus propios demonios, y no con los ajenos.

El Tribunal debe ponderar los hechos y pasar la página esta vez. So riesgo de desatar el Armagedón.

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