Ricardo Palma Salamanca: "La cultura comunista me tiene harto"

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Autor: Cooperativa.cl

El ex frentista, condenado por el asesinato de Jaime Guzmán y refugiado político en Francia, concedió a The Clinic la primera entrevista de su vida.

Reveló su distanciamiento profundo con la mirada ideológica "intolerante y autoritaria, cerrada y obtusa" del PC, que dijo "detestar".

Señaló que su temprana militancia en el Frente y las acciones que allí ejecutó las vincula con una "determinación familiar", además de una "torpe y ridícula inercia".

Ricardo Palma Salamanca:
 The Clinic

"La Revolución está agotada. Los cambios se dan de manera paulatina, porque lo que debe transformarse es la cultura. (...) La experiencia me ha vuelto un reformista", dijo Palma a Patricio Fernández.

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Ricardo Palma Salamanca, ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez condenado a cadena perpetua por el crimen de Jaime Guzmán, fugado de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996 y refugiado político en Francia desde noviembre del año pasado, concedió a The Clinic la primera entrevista periodística de su vida, y habló en ella de modo extenso y profundo sobre la evolución de su pensamiento, que hoy lo hace detestar la "cultura comunista" y, en cambio, declararse "un reformista".

Palma conversó en París durante tres días con Patricio Fernández, ex director del semanario, quien concluyó dichos encuentros convencido de que actualmente, a aquél, "el mito del guerrillero lo incomoda", puesto que, a lo largo de estos años, viviendo en Cuba y México, "se inventó una vida nueva", consiguió "ser otra persona"; y más aun, tras lograr el asilo en Francia, está decidido a vivir "sin amarras".

"(Palma) sabe que hay grupos, tanto en Chile como en Francia, que se han reunido en torno a la causa de su liberación, grupos de solidaridad que han hecho de su persona un emblema de lucha y que, de seguro, se desilusionarán al saber que no está dispuesto a seguir encarnando sus fantasías. No recuerdo si me lo dijo exactamente así, pero claramente me lo dio a entender: que la vida le había dado una nueva oportunidad, y la tomaría sin amarras", escribe Fernández.

"Durante los tres días que deambulamos juntos por París, jamás le escuché defender su inocencia, ni mucho menos enorgullecerse de lo que había hecho. La leyenda heroica, los discursos maximalistas, las consignas revolucionarias, la patria socialista... todo eso le resulta ajeno y hostigoso", agrega el entrevistador, que encuentra en estos pasajes los momentos más trascendentes de la conversación.

"La Revolución está agotada"

"La cultura comunista me tiene harto", confidenció el ex frentista: "La Revolución está agotada. Los cambios se dan de manera paulatina, porque lo que debe transformarse es la cultura. Yo ya pasé eso que tenía que pasar y ahora quiero vivir mi vida como se me dé la gana (...) La experiencia me ha vuelto un reformista", confiesa más adelante.

"Esa cosa cerrada y obtusa de los comunistas es muy dura. La detesto. Es ideológicamente intolerante y autoritaria. Muchos de quienes se sumaron a su causa estaban movidos por buenos sentimientos, pero el partido los utilizó. Yo terminé con todo eso hace mucho tiempo", explica, admitiendo que explicitar este viraje, en su actual situación, en medio de las redes de solidaridad parisinas, tampoco es fácil.

"A una señora que se me acercó el otro día para invitarme a un panel -porque según ella yo debía dar mi visión y tal- tuve que explicarle que quizás mi visión no les gustaría mucho... Los chilenos de aquí son bien comunistas y absorbentes. Me han acompañado y apoyado mucho, es cierto, y se los agradezco, les debo mucho, pero me agarraron de Patito Donald, de causa perdida y llorona", se queja.

"Después del 23 (de enero), cuando me dieron la protección definitiva, nos fuimos a un bar para tomar algo. Eran muchos, y se pusieron a gritar consignas del Frente Patriótico... ¡Yo no lo podía creer! ¡Los pelos se me erizaban!"

"¡Convicciones de mierda!"

Palma agrega, volviendo sobre la época de su juventud, que "en esas organizaciones (como el FPMR) te metían el rollo de la convicción, y de esa manera no das paso a la crítica".

"¡Convicciones de mierda, la vida también puede ser de otra forma! Las ideas mutan, la vida tiene un abanico de múltiples significaciones. Pero ahí son obtusos. La vida es búsqueda, va mutando, toma otras direcciones", señala, al tiempo que advierte que "los padres deben ser emocionalmente inteligentes para no determinar la existencia de sus hijos en una dirección que los puede mandar al orto".

"Determinación familiar"

Palma Salamanca también reflexiona en la entrevista sobre las circunstancias lo llevaron a estar envuelto en su "historia atroz".

"Con el tiempo, he responsabilizado mucho a mi medio familiar, su visión de las cosas del mundo y de la vida. Hubo una determinación por el tiempo histórico que nos tocó vivir y, por otra parte, una determinación familiar: madre comunista, dos hermanas comunistas", dice.

Cuenta luego que en su casa "se almorzaba materialismo histórico y se cenaba materialismo dialéctico", todo lo cual hoy le produce "molestia". En su núcleo, subraya, "no tuvieron la capacidad emotiva" de mostrarle "otros caminos posibles".

"Debí haber tomado mi camino"

A partir de cierto momento de militancia, asegura que se dejó llevar por las situaciones y por los lazos personales, porque ya no había ninguna razón real ni política para proseguir, pero "era un mocoso (...) seguí por inercia".

"La experiencia de mi generación provino de la violencia absoluta por parte del Estado, de modo que para mí fue una reacción natural. No tenía cuestionamientos severos acerca de su utilización en un proceso político determinado, (pero) descontextualizarla es un gran error, porque los que participamos de aquella experiencia no éramos personas violentas. La violencia era una herramienta, pero no lo que uno quería como forma de vida", sostiene.

"De aquellos frentistas con los que yo caí preso, por ejemplo, Patricio Ortiz, que ahora vive en Suiza, es un gran filósofo, una persona inteligentísima; Pablo Muñoz, que todavía está desaparecido, era intelectualmente más débil, pero de un corazón increíble; el (Mauricio Hernández) Norambuena me resulta menos simpático, porque ejercía mucho el culto a la personalidad y el abuso de poder", indica.

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Palma dice que para la época del atentado contra Guzmán a él ya no le quedaba "ninguna convicción", pero actuó para no sentirse "traidor" de la causa. (Foto: The Clinic)

Visto a la distancia, "obviamente debí haber tomado mi camino y dedicarme a lo que sabía y me gustaba hacer, que era la fotografía y el arte en general. (Para la época del atentado contra Guzmán) ya no me quedaba ninguna convicción. Tenía 20 años. Caí a los 21. Me pasé cuatro años y 10 meses en diferentes cárceles, donde se ensañaron conmigo", recuerda.

¿Por qué no lo hizo? Apunta a "la inercia (...) y el sentimiento de que si me salía estaba traicionando".

"Todo muy ridículo, porque al final uno debe tomar sus determinaciones individualmente, sin esas consideraciones. La mayoría de aquellos con los que entré ya no continuaban, todos se salieron a tiempo. Yo, torpemente, seguí como burro caminando para adelante", sostiene, pese a que piensa que "ya para el plebiscito la lucha armada no tenía ningún sentido, porque el país se había ido en otra dirección".

"No se pueden repetir experiencias fallidas, por épicas que hayan sido"

Patricio Fernández dice que "Palma Salamanca niega absolutamente cualquier relación con actividades ilícitas del tipo que sea desde que escapara de la CAS en 1996", incluidos los secuestros que se atribuyen en México a Raúl Escobar Poblete: "La sola idea de volver a la cárcel, una pesadilla que no consigue sacarse de la cabeza, lo habría llevado a actuar siempre con mucho cuidado y evitando todo comportamiento que pudiera meterlo en problemas".

Hacia el final de la nota, dice Fernández: "Le pregunté qué le diría (...) a esas nuevas generaciones de izquierda, pero se negó a dar consejos desde un pedestal".

"Ricardo Palma Salamanca está en las antípodas de los discursos pomposos. Su principal aspiración –me lo repitió varias veces- es pasar desapercibido. Diría incluso que su mayor sueño es el olvido. A tirabuzones, sin embargo, fue soltando frases decidoras", explica el entrevistador.

"El arte consigue transformar el mundo mucho más que dispararle a un paco""no se puede pensar que el discurso revolucionario lo soluciona todo", "pretender responder cualquier pregunta desde la moral y la ética es absurdo", "si miras hacia atrás la experiencia de la izquierda ortodoxa chilena, encontrarás todas las claves de lo que no se debe repetir" y "no se pueden repetir experiencias fallidas, por épicas que hayan sido" son las frases del cierre del artículo de The Clinic.

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