La crisis migratoria en Ceuta es para la inteligencia china, reveló un artículo del diario español El Mundo, una operación conjunta de Marruecos e Israel, con el fin de desestabilizar al gobierno de Pedro Sánchez.
Como ejemplo, el medio cita a una especialista en China y en las relaciones chino-israelíes, y la tesis de un artículo de la revista Modern Diplomacy; que describen la situación como una acción de "guerra híbrida", con la participación del Mosad, el servicio de inteligencia de Tel Aviv.
"Los centros de análisis de inteligencia chinos han examinado la escalada de las tensiones diplomáticas y políticas entre España e Israel. Desde esa perspectiva, el deterioro de las relaciones bilaterales podría haber motivado al Mosad a involucrarse en la crisis migratoria entre Marruecos y España, exacerbando la situación e infiltrando agentes para fomentar el descontento y el caos entre la población marroquí", relató a El Mundo la politóloga Nadia Helmy.
Además, el reportaje revela que "en conversaciones privadas, algunos diplomáticos y analistas próximos a los círculos políticos de Pekín también se preguntan si el asalto a Ceuta guarda alguna relación con el progresivo deterioro de las relaciones entre Madrid e Israel, marcado por las críticas del gobierno español a la masacre en Gaza y el reconocimiento del Estado palestino".
Anónimamente, un diplomático agrega que "desde la normalización de relaciones en 2020, Marruecos e Israel se han convertido en aliados y han estrechado su cooperación defensa e inteligencia".
"En China, un país donde el control fronterizo constituye uno de los pilares de la seguridad nacional, las imágenes de miles de personas cruzando hacia territorio español provocaron una mezcla de asombro e incredulidad entre muchos usuarios de las redes sociales chinas. '¿Cómo es posible que crucen la frontera con tanta facilidad?'", reseñó el diario.
Para China, España es un socio importante en Europa y prueba de ello son las cuatro visitas del presidente español a Pekín, más que cualquier otro líder del Viejo Continente. Pero también lo es crecientemente Marruecos, que en el último lustro ha cerrado grandes proyectos de infraestructuras y acuerdos comerciales con el régimen de Xi Jinping.