Los seis candidatos a suceder al secretario general de la ONU, António Guterres, proyectaron este jueves visiones similares sobre el cargo al que aspiran en un evento presentado como un debate en el que, en la práctica, se sucedieron los discursos.
El evento tipo 'Town hall', con preguntas de moderadores, miembros de la ONU y representantes de la sociedad civil, se celebró en la Asamblea General a lo largo de 90 minutos repartidos en varios bloques: una presentación, cuestiones actuales y e invitaciones a opinar.
Con el gancho de la crisis en el estrecho de Ormuz, los aspirantes tuvieron que responder qué harían como secretario general para garantizar que la ONU sea relevante en el proceso de paz pese al bloqueo en el Consejo de Seguridad, y expusieron ideas muy parecidas: insistir, intentarlo, no cejar.
"Una cosa que el secretario general no tiene el lujo de hacer es no intentarlo", dijo la embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, quien se postuló recientemente y se llevó el mayor número de aplausos.
"El valor añadido que yo podría aportar es hablar con todos", sostuvo el expresidente de Senegal Macky Sall, mientras que la expresidenta de Chile Michele Bachelet abogó por usar las herramientas de la Carta de la ONU y "tender puentes con las partes en disputa".
El trabajo del secretario general es "abrir posibilidades de acuerdo", afirmó la secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), Rebeca Grynspan.
Para el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, este debe ser capaz de "proponer soluciones concretas, escuchar, no enfrentar y estar ahí para resolver un problema".
La exministra de Exteriores de Ecuador María Fernanda Espinosa lo enfatizó como "mediador honesto", y reivindicó su responsabilidad de "movilizar el músculo de la ONU para abordar las consecuencias y apoyar a países" afectados por el conflicto.
Más multilateralismo, ¿y la Agenda 2030?
Los candidatos aprovecharon algunas de las preguntas para enarbolar sus logros y experiencia al frente de gobiernos y organizaciones internacionales, como han hecho en otras ocasiones, y coincidieron también en su intención de reforzar el multilateralismo.
"Estamos en una posición difícil ahora, y no es imposible que alcancemos un punto en el que cancelarnos los unos a los otros sea la norma. Para eso aún hay una ONU", advirtió Grossi, considerando, como los demás, que la "fragmentación" de la humanidad es una de sus mayores amenazas.
Asimismo, expusieron prioridades parecidas para sus 100 primeros días como secretario general, sobre todo impulsar la diplomacia preventiva, reformar la organización para hacerla más eficiente, paliar la crisis de liquidez y recuperar la confianza de la sociedad.
Bachelet, en sus discurso de cierre, reclamó una ONU "más magra, pero musculosa", además un incremento de la financiación al desarrollo y la acción climática, e hizo una crítica final, señalando que esta es necesario para "algo que ha estado ausente aquí: la seguridad de la Agenda 2030".
Precisamente la única alusión a la Agencia 2030, que incluye los Objetivos de Desarrollo Sostenible emblemáticos de la ONU, la hizo otra candidata, Rodrigues-Birkett, al proponer consultas para establecer una "Agenda post-2030" centrada en "los derechos humanos y el desarrollo".
Se espera que el Consejo de Seguridad alcance en los próximos meses un acuerdo sobre el próximo líder de la ONU y presente una recomendación a la Asamblea General antes del final del mandato de Guterres, cuyo segundo periodo concluye el 31 de diciembre de 2026.
Credenciales y trayectoria de liderazgo
Durante su intervención inicial en el salón de la Asamblea General, Bachelet enfatizó que el escenario geopolítico actual exige un liderazgo probado en la toma de decisiones complejas y la articulación de acuerdos multilaterales.
"Lo que el mundo necesita es un secretario general con las mejores credenciales posibles. En primer lugar, creo que yo las tengo. Soy una líder probada con una amplia experiencia política. Fui dos veces presidenta de la República. En mi país, el presidente de la República es jefe de Estado, pero también es jefe de gobierno", afirmó la otrora mandataria.
"Demostré que puedo liderar negociaciones complejas y tomar decisiones difíciles. Encuentro compromisos democráticos y construyo confianza y puentes entre los líderes mundiales", añadió Bachelet.
En esa misma línea, la exmandataria aseguró que "en todos los casos demostré que tengo la visión, el coraje y la capacidad para impulsar el cambio. Combino un firme apego a los principios con un enfoque en las soluciones, los valores y el realismo. Solo seré parcial ante la Carta de las Naciones Unidas".
La pérdida de credibilidad y el rol del secretario general
En el marco del debate "Diálogo abierto de la ONU", el candidato argentino Rafael Grossi centró su intervención en la necesidad de devolver la eficacia y legitimidad a las Naciones Unidas frente a las agresiones armadas y las guerras en curso.
Al ser consultado sobre cómo debe reaccionar el organismo internacional ante situaciones en las que un miembro del Consejo de Seguridad incurre en intervenciones militares o violaciones a la soberanía de otro Estado, Grossi planteó una postura crítica sobre el papel que debe asumir la máxima autoridad de la institución.
"Cualquier miembro de las Naciones Unidas que desencadene una guerra o recurra a la agresión es un hecho lo suficientemente grave como para que el secretario general intervenga. Y lo que debemos hacer es restaurar la credibilidad de la ONU como un interlocutor válido. Debemos utilizar todas las herramientas que menciona la Carta, y esto significa, en primer lugar, hablar y escuchar", explicó el trasandino.
"En segundo lugar, abordar el conflicto desde una perspectiva realista, lo que implica que las palabras bonitas no bastarán. Tenemos que analizar las raíces del conflicto. Debemos comprender por qué un país tomó la decisión más grave de todas en las relaciones internacionales, que es el uso de la fuerza", puntualizó.