Tópicos: Cultura

Los hitos del cine chileno

Publicado:
Autor: Cooperativa.cl

La participación de “Taxi para tres” en el Festival de San Sebastián y su primer lugar en el certamen es el hito más reciente de la accidentada producción fílmica nacional y el más importante de los últimos años. Pero, no es el único ya que desde que se produjo la primera filmación, el país ha ido desarrollando, no sin problemas, lo que hoy podemos llamar cine chileno.

contenido de servicio
Llévatelo:

Desde que en 1902 se exhibiera la primera película chilena, “Ejercicio general de bombas” -como era usual en los comienzos, sólo el breve registro documental de un hecho cotidiano-, la aleatoria suerte del cine nacional ha sabido de éxitos y fracasos, aunque los últimos años han permitido mirar al futuro de manera más esperanzadora. El ejemplo más reciente es la taquillera “Taxi para tres". Aunque la industria fílmica chilena produjo cientos de filmes durante más de seis décadas, fue a contar de los años 60 que comenzó a surgir un cine nacional que se cuestionaba por su identidad propia. Hasta entonces, y salvo excepciones, las películas se habían caracterizado por esquivar cualquier asomo de temática social, optando por un pintoresco y amable folclorismo, centrado en la comedia de enredos y las revisiones de episodios de la historia nacional. Los esforzados y prolíficos creadores de estos años habían sido artesanos como Jorge Délano, Alejo Alvarez, José Bohr y Naum Kramarenko. Pero la década de los 60 vio el debut de nuevos y destacados directores, que introducirían la aguda mirada crítica a la sociedad chilena. Así, surgieron Raúl Ruiz, Helvio Soto, Patricio Kaulen, Aldo Francia, Miguel Littin y Patricio Guzmán. Desde entonces, la evolución de la historia del cine nacional pasó por épocas difíciles: tras las producciones más ideológicas y comprometidas de principios de los 70 vinieron años muy duros, y los 80 se caracterizaron por el escaso número de cintas, además de que casi todos los directores debieron trabajar en el exilio o conformarse con realizaciones en video. Los 90 marcaron signos de recuperación que parecen ir en aumento. En suma, son muchos los hitos, y eso dificulta elaborar una lista de las películas más significativas, pero como toda lista siempre será subjetiva, aquí están las diez películas que han marcado un hito: “El chacal de Nahueltoro” (1969), Miguel Littin: Con Nelson Villagra, Shenda Román, Héctor Noguera, Luis Alarcón, Marcelo Romo. Elogiada en el Festival de Berlín, esta descarnada y potente cinta se mantiene como el referente más obvio a la hora de hablar de los filmes chilenos más logrados. La triste y realista historia de un criminal que logra una positiva rehabilitación tras matar a su mujer e hijas, para terminar siendo ajusticiado de todas maneras, servía como un definitivo alegato social, particularmente gracias a la escalofriante y legendaria interpretación de Villagra. “Valparaíso mi amor” (1969), Aldo Francia: Con Sara Astica, Claudia Paz, Arnaldo Berríos. Alejándose del cliché turístico, Francia supo mostrar al puerto como un fascinante escenario que servía de fondo para una historia más cercana al documental y el neorrealismo italiano que al costumbrismo del cine chileno del pasado. El director conmovió al contar el drama de una familia donde el padre cesante ha sido encarcelado por robar. “Julio comienza en julio” (1976), Silvio Caiozzi: Con Juan Cristóbal Meza, Shlomit Baytelman, Luis Alarcón, Gloria Munchmeyer, Jaime Vadell, Ana González. El fresco social de la aristocracia patronal en el campo chileno funciona también como sensible historia de iniciación juvenil, y como se convertiría en una “marca de fábrica” de Caiozzi, se apoya en una dirección de arte y en las actuaciones de un probado elenco nacional. “Imagen latente” (1988), Pablo Perelman: Con Bastián Bodenhoffer, María Izquierdo, Gloria Munchmeyer. Más allá del polémico rechazo del Consejo de Calificación Cinematográfica que la mantuvo censurada hasta principios de los 90, la película impacta por su sinceridad y eficacia al denunciar verdades que hasta hace poco nadie podía mencionar en público, como las torturas, la represión policial y los detenidos desaparecidos. “La luna en el espejo” (1990), Silvio Caiozzi: Con Gloria Munchmeyer, Rafael Benavente y Ernesto Beadle. Munchmeyer logró la Copa Volpi como la mejor actriz en el Festival de Venecia, por su certera interpretación de una solterona de Valparaíso que encuentra el amor en medio del absorbente mundo que Caiozzi supo mostrar en la pantalla, basado en José Donoso. “Caluga o menta” (1990), Gonzalo Justiniano: Con Mauricio Vega, Aldo Parodi, Patricia Rivadeneira, Myriam Palacios, Luis Alarcón. Nominada al premio Goya como mejor película extranjera de habla hispana, la cinta de Justiniano, quien ya había cautivado con “Sussi” (1987), dio que hablar por su retrato de una marginalidad que muchos desconocían, en el que no se esquivaban fuertes críticas a las esferas políticas del momento. La desorientación de sus jóvenes protagonistas, a los que difícilmente se ofrecía una alternativa real de superación, permanece tan vigente como hace once años. “La frontera” (1991), Ricardo Larraín: Con Patricio Contreras, Gloria Laso, Aldo Bernales, Héctor Noguera, Patricio Bunster. Una película clave en el Chile de principios de los 90, porque aunque mantiene la temática política y social como trasfondo, sabe conservar el interés en lo humano a través de su personaje protagónico, un relegado político que se reencuentra con su país, y con sus propios sentimientos con el cautivante paisaje sureño de fondo. Importantes premios internacionales demostraron su universalidad: el Oso de Plata en el Festival de Berlín, el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana y el mejor director en el Festival de La Habana. “Palomita blanca” (1973), Raúl Ruiz: Con Beatriz Lapido, Rodrigo Ureta, Luis Alarcón, Bélgica Castro. Estrenada tardíamente en 1992, la adaptación de la novela de Enrique Lafourcade se aleja de lo anecdótico y del simple y clásico romance imposible, para aprovechar una serie de pintorescos personajes secundarios y convertirse en un efectivo espejo del Chile de los años 70, en lo que sería la última película propiamente chilena de Raúl Ruiz. “Johnny cien pesos” (1993), Gustavo Graef-Marino: Con Armando Araiza, Patricia Vásquez, Willy Semler, Luis Gnecco, Patricia Guzmán, Paulina Urrutia, Sergio Hernández. Lograda tragicomedia policial que servía de agudo retrato social, inspirada en un publicitado y frustrado asalto real en pleno centro de Santiago. Un reparto que incluía a lo más granado de los actores nacionales acompañó a dos mexicanos en los roles protagónicos en esta coproducción con el país azteca que complació por igual a público y crítica. “El chacotero sentimental” (1999), Cristián Galaz: Con Daniel Muñoz, Lorene Prieto, Ximena Rivas, Patricia Rivadeneira, Mateo Iribarren, Tamara Acosta, Pablo Macaya. La película más taquillera de la historia del cine chileno, inspirada en el espacio radial del “Rumpy”. Más allá de que guste o no como filme, demostró que la industria nacional podía competir por la taquilla de igual a igual con las grandes superproducciones extranjeras, con situaciones y personajes cercanos al público. Debido a lo injusto que puede resultar reducir el cine chileno a estos títulos, sería imposible no mencionar también a “Largo viaje”, “Caliche sangriento”, “Tres tristes tigres”, ”, “Ya no basta con rezar”, “Sussi”, “Amnesia”, “Los náufragos”, “El entusiasmo”, “Gringuito”, “Historias de fútbol”, “El desquite” , “Coronación” o “Angel negro”, por nombrar algunas que por una u otra razón son recordadas por el público.

LEER ARTICULO COMPLETO

Suscríbete a nuestro newsletter