Los cantantes e intérpretes trituraron simbólicamente una montaña de productos falsificados ya que el grueso de la labor de destrucción se hizo con maquinaria pesada. Allí estuvieron pisoteando el citado material el integrante de Illapu, Roberto Márquez; el vocalista de Lucybell, Claudio Valenzuela, el grupo Saiko en pleno, la cantante Cecilia Echenique y el intérprete Fernando Ubiergo. También estuvo presente la cantante Palmenia Pizarro, quein aún sigue recuperándose de un infarto que la afectó hace menos de un mes.
Cecilia Echenique manifestó que lo que se necesita es una ley contra la piratería y hace falta ponerse duro, porque de lo contrario este tema no se va a solucionar. Añadió que la acción más difícil es crear conciencia entre la gente de que la compra de discos compactos es un delito, porque se adquieren productos robados.
Agregó que del total, 40 por ciento del mercado discográfico corresponde a discos piratas. Es un drama y una impotencia para nosotros, ver crecer ese segmento. Y es complicado que la gente tome conciencia de que con los productos pirateados se destruye el patrimonio cultural y, de paso, la creación y la labor de los artistas nacionales.
Por su parte, el director de Taxi para Tres, Orlando Lübbert -perjudicado por la piratería- manifestó que las películas pirateadas son una falta de respeto para la gente, ya que incluso hay personas que filman las cintas con una cámara digital en la misma sala en la que se escuchan las risas del público. Uno se esfuerza por hacer una buena película y las copias son porquería.
Indicó que la piratería es un tema económico, más amplio y complejo, porque si no existiera la informalidad en la economía, tendríamos un ejército de cesantes. Estamos llenos de leyes y lo que yo veo es la falta de cumplimiento de esas leyes. Agregó que son las mafias las que ganan la mayor parte del dinero, mientras que los vendedores sólo obtienen una parte mínima de las ganancias que les permite mantenerse.
Las cifras de las pérdidas
Los grandes ausentes de la jornada fueron los escritores chilenos, pero quien si estuvo presente fue Alejandro Melo, prtesidente de la Cámara Chilena del Libro. La ausencia de las plumas nacionales se echó de menos en la jornada considerando que la industria editorial chilena pierde anualmente más de 25 millones de dólares por concepto de piratería.
Las cifras del resto de las áreas afectadas por el comercio ilegal no son muy alentadoras, ya que la piratería de software ocasiona pérdidas por 150 millones de dólares, y a la industria fonográfica le causa menores ingresos por 20 millones de dólares y a la de videos, siete millones.
"Como una forma de llamar la atención de la opinión pública sobre los cuantiosos daños que produce esta industria, hoy se destruyeron 70.000 CD de música, 2.400 programas de software, un millar de películas y miles de libros piratas", señaló el presidente de la Conapi, Eduardo Castillo.
El dirigente explicó que la acción de hoy es sólo una muestra de la magnitud de recursos que mueve el comercio de productos pirata en Chile, que actualmente opera bajo verdaderas redes de contrabando e industrias ilegales.
Alfredo Salas, presidente de la Asociación de Distribuidores de Software (ADS), señaló que la piratería en Chile es un poderoso generador de cesantía e inestabilidad, que ha provocado el cierre de reconocidos sellos locales de discos, tiendas de software y casas editoriales.