Junto con los aspectos visuales, lo más destacable de Sangre eterna, y, tal vez, la principal diferencia respecto de Angel negro y de las películas de clase B que han inspirado, sean las logradas actuaciones, principalmente de los protagonistas, Blanca Lewin (Gringuito) y Juan Pablo Ogalde (Paraíso B), y de secundarios a cargo de Patricia López (El desquite) y Claudio Espinoza.
Lewin, quien aún antes de filmar Sangre eterna lucía un exquisito aspecto pálido y alternativo, encarna a Carmilla, una estudiante de periodismo que se inicia junto a un grupo de góticos, encabezados por Ogalde, en los juegos de rol y en juergas tan atractivas como misteriosas.
Ambos, casos típicos para una orientadora familiar, responden, aunque en diferentes estratos sociales (ella es de clase media, él de alta), a la clásica estructura de jóvenes introvertidos, en búsqueda de una identidad propia, escondidos bajo atuendos negros y provenientes de familias disfuncionales. Seres atractivos, principalmente para un público adolescente.
El juego de rol, aspecto que lamentablemente no es aprovechado al máximo a lo largo del filme, es el inicio del viaje de Carmilla y de sus compañeros hacia el lado oscuro y la marca del fin de la claridad entre la realidad, la ficción y la locura.
Sin embargo, el interesante cambio en los personajes, los que parecen poseídos por sus respectivos roles del juego, no logra suficiente profundidad, concentrándose todas las energías de la cinta en el antro y las nuevas amistades que atraen al grupo, dejando una estela de duda respecto de si la confusión que genera la historia en el espectador es completamente intencional o es una carencia del guión.
Sangre eterna será indudablemente atractiva para un público joven, atraído por rostros conocidos de la televisión, la cada día más manoseada estética gótica y una historia juvenil. No obstante, los atractivos se quedan más en la superficie que en la profundidad, la que de paso, es un notable avance para una producción nacional.
Finalmente, con más piel que carne, Sangre eterna es más y mejor que el cine gore que cita Olguín en sus entrevistas y un salto largo respecto de Angel negro, pero todavía falta darle continuidad a cada uno de los temas que se presentan y que es lo que ha hecho clásicos a filmes de terror como La profecía, la que nadie recuerda precisamente por sus efectos especiales.