El Pentágono desmintió que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, haya autorizado un plan de interrogatorios y medidas coercitivas contra prisioneros iraquíes, como alega un informe de la revista The New Yorker.
El informe aumentó la controversia sobre los abusos y demás métodos utilizados contra los prisioneros en Abu Ghraib para sacarles información sobre grupos insurgentes en Irak.
Un portavoz del Pentágono, Lawrence Di Rita, dijo la noche del sábado que el informe es "descabellado, cómplice y lleno de conjeturas anónimas", a la vez que insistió en que ni Rumsfeld que afronta presiones políticas para que renuncie al cargo-, ni nadie
más en el Pentágono autorizó el programa de interrogatorios.
Según el personero, las torturas documentadas en las fotos y vídeos hasta ahora divulgados no tienen ninguna base en "un programa autorizado, manual de capacitación, instrucción u orden alguna del Departamento de Defensa".
"Ningún responsable del Departamento de Defensa aprobó programa alguno que pudiera haber tenido la intención de conducir a abusos como los que se ven en las fotos y videos recientes", dijo Di Rita.
"Este reportaje parece reflejar la febril opinión de personas con poca o nula conexión a las actividades del Departamento de Defensa", agregó.
La revista no culpa a Rumsfeld por los excesos, pero indica que el plan secreto autorizaba diversos métodos coercitivos, inicialmente utilizados en la búsqueda de miembros de Al Qaeda en Afganistán y que, con la venia de Rumsfeld, fueron aplicados en la cárcel de Abu
Ghraib.
La operación del Pentágono fue conocida por varios nombres, entre ellos "Copper Green" y alentaba el uso de coerción física y la humillación sexual de prisioneros iraquíes, con el objetivo de arrancarles información sobre la incipiente insurgencia en Irak,
señaló The New Yorker.
El artículo, de 17 páginas, señala que Rumsfeld, molesto por algunas trabas de índole legal o administrativo, autorizó el programa secreto para conseguir un permiso "amplio y por adelantado" para interrogar, capturar o matar a individuos de alto interés para la lucha antiterrorista.
Así se creó, en una zona de seguridad del Pentágono, el denominado "Programa de Acceso Especial" (SPA) -similar a los usados durante la Guerra Fría- y que sería el secreto mejor guardado de las autoridades castrenses norteamericanas.
La divulgación de fotos que muestran a prisioneros desnudos, esposados, obligados a masturbarse o en otras posiciones humillantes -aparentemente para intimidarlos y forzarlos a dar información-, han mancillado la imagen de Estados Unidos en la comunidad internacional y entre los árabes y musulmanes en particular. (EFE)