Varias organizaciones de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, han comparado este trato con el utilizado en los campamentos de tortura de Europa del Este y han expresado su preocupación por el hecho de que Estados Unidos somete deliberadamente a los presidiarios a 24 horas de privación sensorial para confundirlos y desorientarlos antes de encerrarlos en estrechas jaulas a la intemperie.
Se obliga a los cautivos a llevar antifaces negros que les impiden ver, orejeras que les impiden oír, mascarillas de cirugía que restringen el sentido del olfato y gruesos guantes que les impiden tocar lo que los rodea, a 30 grados bajo un sol abrasador. No tienen ni idea sobre el lugar del mundo en que se encuentran; casi todos están convencidos de que los han llevado a Estados Unidos.
Jim West, responsable de asuntos médicos de Amnistía Internacional, declaró que estaba conmocionado por las fotografías, que revelaban las terribles condiciones en que se tiene a los prisioneros. Mi reacción inmediata ante la primera fotografía me recordó un método parecido que se empleaba como tortura o malos tratos en la década de 1970 en Europa del Este. Los presos no podían ver, oír ni tocar nada, y los mantenían en posturas dolorosas durante largos periodos. Es una forma de malos tratos que, simplemente, constituye una transgresión de los derechos humanos.
Según West, en las estremecedoras fotografías, las primeras que ha hecho públicas el Departamento de Defensa estadounidense, demuestran claramente que los presidiarios están sometidos a privación sensorial.
Helen Bamber, directora de la Fundación Médica para la Atención a Víctimas de Tortura, declaró que los prisioneros del Campamento Rayos X deben de sentirse desestabilizados y probablemente se desmoronarán. También estarán sufriendo horribles alucinaciones, perderán el equilibrio y es posible que piensen que se están volviendo locos.
Probablemente tendrán ataques de pánico, cambios de humor, terribles pesadillas y se sentirán muy desequilibrados. La privación sensorial es un ataque contra la identidad que pone en peligro la noción de quiénes son.
Sin embargo, el secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, justificó los métodos utilizados en Guantánamo: Evidentemente, cualquiera se preocuparía si se dice que el trato es inadecuado, pero el hecho es que el trato es adecuado, subrayó. No tengo ninguna duda de que es humano y se ciñe, en su mayor parte, a la Convención de Ginebra. Rumsfeld añadió que se trata de terroristas duros, incondicionales y bien entrenados, por lo que es injusto sugerir que se les maltrata.
Uno de los últimos prisioneros en llegar tiene la altura de un niño, pero como los oficiales se niegan a facilitar detalles sobre los 110 prisioneros, no se ha podido confirmar que el de pequeña estatura sea menor de edad.
Las fotografías fueron tomadas por un suboficial de la Armada estadounidense, el único fotógrafo al que se permitió acercarse a las instalaciones. Los estadounidenses han vetado a otros fotógrafos alegando que la exhibición de los prisioneros contraviene la Convención de Ginebra. Pero Michael Lehnert, general de brigada de la Armada que tiene a su cargo a los 900 policías militares, insiste en que esta prisión se basa en la Convención de Ginebra, pero no está sujeta a sus directrices.
El grupo fotografiado acababa de aterrizar en la base de Guantánamo tras 20 horas de vuelo desde Afganistán, pero seguían en tierra con los antifaces y las mascarillas puestos durante el registro.
Visten buzos de algodón, de color naranja y con una cremallera en la parte delantera, como es habitual entre los presidiarios de las penitenciarías federales estadounidenses. Todos están esposados y llevan en los tobillos grilletes unidos por una cadena de 25 centímetros. Otra cadena corta une los grilletes a las esposas; de esta forma, se ven obligados a caminar a trompicones.
Antes de salir de Kandahar, los marines estadounidenses afeitaron a los prisioneros y prácticamente los raparon. Según el Pentágono, esto se hace por motivos de higiene y no como humillación. Llevaban meses viviendo en cuevas y túneles y estaban infestados de piojos y otros parásitos. El afeitado es necesario, declaró un oficial.
Durante el vuelo desde Kandahar, a 20.000 kilómetros de distancia, les colocan unas pesadas gafas de piloto de goma, con el cristal cubierto con cinta aislante negra, de forma que quedan sumidos en la oscuridad. Las autoridades estadounidenses afirman que se trata de una medida de seguridad destinada a impedir que los cautivos intenten huir o resistirse.
Llevan orejeras que amortiguan el sonido, porque según los estadounidenses, los aviones de transporte en los que viajan no están insonorizados. El resultado es que pasan casi un día en completo silencio. (www.elmundo.es)