El plan del Gobierno de Tony Blair de enviar a las tropas británicas a una de las zonas más peligrosas de Irak para ayudar a las de Estados Unidos provoca una fuerte oposición en el Reino Unido.
Parlamentarios y periódicos británicos reaccionaron al plan con acusaciones al primer ministro de actuar al servicio electoral del presidente estadounidense, George W. Bush.
Mientras un equipo de reconocimiento británico comienza este martes a estudiar la zona del triángulo sunita de Faluya, donde se piensa desplegar las tropas de este país, políticos y periódicos coinciden en expresar su inquietud cuando no su fuerte irritación por el anuncio en ese sentido del ministro de Defensa, Geoff Hoon.
Hoon defendió el lunes en el Parlamento el envío de las tropas, señalando que Reino Unido no puede fallarle a un fiel aliado denegándole la ayuda en un momento de necesidad y argumentando que no se trataba de una decisión política sino puramente militar.
Los estadounidenses necesitan a las tropas británicas como refuerzo para poder lanzar un ataque definitivo contra los insurrectos en Faluya, que podría producirse, según se cree, antes de las elecciones del 2 de noviembre, en las que Bush se juega su continuidad en la Casa Blanca.
Numerosos parlamentarios británicos, muchos de los cuales apoyaron incluso en su día la invasión de Irak, expresaron su inquietud por cualquier asociación entre las tropas de su país y las estadounidenses, mucho menos populares entre la población del país árabe.
"No quiero que mi Gobierno se vea manipulado por una de las administraciones estadounidenses más carentes de escrúpulos que ha tenido ese país", afirmó el diputado laborista Gerald Kaufman, que votó, sin embargo, a favor de la guerra.
El también diputado Paul Farrelly calificó a Bush en el Parlamento de "presidente peligroso" y agregó que, en lugar de ayudarle, "deberíamos rezar para que deje pronto el Gobierno".
Según Andrew MacKinlay, otro de los que en su día votaron a favor del ataque contra Irak para derrocar a Sadam Husein, Reino Unido ha cedido ya demasiado en su trato con Estados Unidos.
Dennis Skinner, situado en el ala izquierda del Partido Laborista, acusó, por su parte, al Gobierno de Tony Blair de prestarle "un balón de oxígeno" al presidente Bush.
También están furiosas las familias de los soldados del regimiento Black Watch, que sería el que acudiese en apoyo de las tropas norteamericanas.
"Mis muchachos saben que tienen que luchar, pero no pueden soportar que se les mienta", declaró James Buchanan, de 56 años, cuyos dos hijos, Craig, de 25 años, y Gary, de 27, son cabos en ese regimiento.
La prensa, y no sólo la situada a la izquierda, se muestra este martes también mayormente crítica, y así el prestigioso The Financial Times afirmó en un editorial que el Gobierno británico debería "rechazar la petición de tropas" y argumentó que "seguir a Estados Unidos en una estrategia que se ha demostrado equivocada no conduce a ninguna parte".
"La empresa iraquí ha hecho la guerra contra el terrorismo mucho más difícil al haber hecho engrosar las filas de los yihadíes (combatientes integristas islámicos) no sólo en Irak, sino en todo el mundo árabe y musulmán", dijo el periódico, según el cual "la ocupación ha sido una catástrofe".
El conservador The Daily Telegraph escribió que las declaraciones, que pretendían ser tranquilizadoras, del ministro de Defensa, Hoon, no convencieron ni siquiera a sus correligionarios laboristas, a la vez que expresó su temor por la pérdida de autonomía operativa de las tropas británicas y su asociación con el estilo "matón" de las de Estados Unidos. (EFE)