La periodista Patricia Verdugo señaló que el hecho de que aún no se haya condenado a Augusto Pinochet es una señal del miedo que persiste en el país.
"Cuando se sepa que Pinochet ha sido condenado, será la prueba de que Chile habrá perdido una cuota importante de miedo, pero todavía está todo confuso y prueba de ello es que a un general genocida el Ejército lo ha distinguido como 'padre benemérito de la patria' y cuenta con un servicio de seguridad que pagan todos los chilenos con sus impuestos", expresó.
En una conferencia de prensa en Santa Cruz de Tenerife, en el archipiélago de las Canarias, Verdugo dijo que escribió "La Casa Blanca contra Salvador Allende" para que los pueblos "tengan memoria y sepan ajustar cuentas con su pasado, de manera que sean más decentes en su futuro".
En su opinión, la clave no está en que el retirado general vaya a la cárcel, sino en que sea hallado culpable porque "un país tiene que saber que un criminal genocida es condenado".
Además, expresó que en Chile existe una disociación entre los dirigentes políticos, para quienes sería más cómodo "la amnesia, el olvido y la amnistía", y entre la gente, incluso la más joven, "que necesita saber y que las cosas sean decentes".
La periodista afirmó que en Chile no se habría iniciado la transición sin el juez español Baltasar Garzón, pues "había tal terror a Pinochet que había un juego pueril e infantil a que estábamos en democracia".
Garzón fue el vehículo de la justicia internacional para procesar a Pinochet, pero el magistrado no llegó ahí "por casualidad", explicó Verdugo, ya que la Historia de Chile y España están unidas y se entrelazan desde el momento en que a Valparaíso llega en agosto de 1939 el buque "Winnipeg" con más de 2.000 refugiados de la Guerra Civil española.
Ese barco fue recibido por el entonces ministro de Salud y luego presidente Salvador Allende, y el poeta Pablo Neruda, que confraternizaron con el ingeniero español Víctor Pey, quien luego ayudaría al escritor.
El ingeniero español compartió los últimos momentos como presidente de Allende, quien a su vez encargó al joven abogado español Joan Garcés, que contase los sucesos de su país, como lo hizo cuando transmitió la historia a Garzón. (EFE)