Cuando el escritor inglés Alan Alexander Milne (1882-1956) lo presentó en sociedad, no podía imaginar que este osito se iba a convertir, generación tras generación, en un personaje entrañable para millones de niños y niñas de todo el mundo.
Y es que a pesar de que Pooh nunca salió del bosquecillo en el que vivía, sus aventuras han recorrido el mundo enero de cabo a rabo en periódicos, en libros, en el cine, en la televisión y, hoy, en la red de Internet.
Traducidas a más de cuarenta lenguas -entre ellas el chino, el griego, el ruso, el hebreo o el Braille-, las historietas del popular osito han logrado hacer un poco más feliz la infancia de sus infinitos admiradores.
Aunque debe su nombre a un oso de verdad que vivió en el zoológico de Londres y al que sus cuidadores llamaban Winnie, nuestro Pooh consiguió enseguida fama mundial por sus propios méritos.
Sus aventuras aparecieron primero como cuento corto en el diario London Evenings News. Luego apareció el primer libro, que vio la luz el 14 de octubre de 1926, hace hoy setenta y cinco años.
La obra de Alan A. Milne se convirtió, casi inmediatamente, en la lectura favorita de los niños.
Desde entonces, y hoy más que nunca, en millones de hogares, el día acaba para los críos cuando, metidos ya en la cama, su madre o su padre les lee una aventura más de Winnie the Pooh antes de apagar la luz.
Así que, en medio mundo, todo adulto con hijos sabe que Pooh se pasa la vida suspirando (Oh, Dear...); que se muere por un tarro de miel y que, aunque su ser más querido es un niño que se llama Christopher Robin, está siempre rodeado de sus amigos animales.
Estos, los íntimos de Pooh, son personajes que todo niño identifica al instante: el cerdito Piglet, miedoso y un poco llorón; el conejo Rabbit, siempre con el ojo puesto en su huerto de zanahorias; el tigre Tigger, que se pasa la vida saltando a la tripa de Pooh, y, por fin, Eeyore, probablemente el burro más triste y más pesimista de la Tierra.
Alan Alexander Milne inventó con Winnie the Pooh y sus amigos un mundo de fantasía que no tiene fin.
Miles de personas irán a partir de hoy a visitar el Bosque de los Cien Acres, en el Ashdown Forest (Sussex), donde la familia Milne tuvo en su día una pequeña cabaña en la que vivió el verdadero Christopher Robin, hijo de Alan Alexander Milne.
Christopher Robin Milne, escritor y librero, murió el 20 de abril de 1926 y durante toda su vida tuvo que resignarse a ser confundido con ese personaje de ficción que fue, y sigue siendo, el mejor amigo de Winnie the Pooh. (EFE)